REQUIEM DE MOZART/ARVO PART -TEATRO MUNICIPAL- TEMUCO

Era la primera vez que asistía al teatro municipal de Temuco a ver dos tremendas obras de música docta. Además, este año es importante para tal escenario, ya que cumple veinte de existencia. Cuando supe que los solistas líricos, el coro teatro municipal y la orquesta Filarmónica de Temuco, dirigidos por David Ayma, estarían a cargo de presentar nada menos que el “Requiem” de Mozart, más una pequeña obra muy significativa para el mundo musical, la obra “Cantus in memoriam Benjamín Britten”, del compositor estonio Arvo Part, solo atiné a comprar mi entrada y entregarme en cuerpo y alma a este magno evento.

Lo primero que deseo señalar es la agudeza del director David Ayma en rescatar una de las primeras obras minimalistas de Arvo Part. Debo de señalar que soy un admirador de su música, la cual se hizo muy famosa con la pieza “Tabula Rasa”, una obra para cuerdas y un solista en violín, una de las más importantes que se hayan compuesto en los últimos cincuenta años. Recordemos que Arvo Part comienza componiendo música serialista en la década de los ‘60s. Conocedor en profundidad de la música sacra ortodoxa, se internó en un convento para estudiarla de mejor forma; desde ese momento Arvo Part tomó su propio camino que mezcló dos mundos: lo sacro y el minimalismo, este último ya venía dando qué hablar con ciertos compositores como La Monte Young, Phillip Glass, Steve Reich, etc…

“Cantus in memoriam Benjamín Britten” es una de sus primeras obras minimalistas, la cual da a conocer lo que sería su futuro trabajo, enfocado en enaltecer la complejidad de armar un sistema melódico y armónico con muy pocas notas que elevan y transportan al oyente hasta un profundo nirvana. Esta obra está dedicada a Benjamín Britten, a quien Part admiraba de sobremanera; tristemente el día de su muerte el gobierno ruso le negó el permiso para viajar a su funeral. Debo admitir que no era una pieza que conociera muy bien, y lo que escuché de la orquesta Filarmónica de Temuco con su director David Ayma fue algo sublime, una interpretación con mucho feeling y respetando el tempo que requiere esta obra (lento), la cual parte con una sola nota que resuena en las campanas tubulares y que, a medida que va pasando el tiempo, se incorpora toda la orquesta para armar la melodía y armonía que nos hace reflexionar y caer en el silencio de nuestras almas. Se sabe que esta música puede ser incluso sanadora.

El plato fuerte y que todos estaban esperando era por supuesto el “Requiem” de Mozart. Aclaremos antes que esta obra no fue compuesta completamente por Mozart sino también por su alumno Franz Xaver Süssmayr, debido a la temprana muerte de Amadeus. El “Requiem” fue un encargo que le hizo el conde Franz Von Walsegg en homenaje a la muerte de su esposa. La obra está basada en los textos latinos del acto litúrgico católico tras el fallecimiento de una persona.  Es curioso ya que es la obra más famosa que tiene Mozart, pero aún no se reconoce el trabajo que hizo Franz Xaver Süssmayr; en ese sentido creo que más vale tarde que nunca el destacar la composición que finalizó de forma excepcional su aventajado alumno.

La interpretación se centró en el trabajo de los solistas: Jessica Poblete, soprano; Gloria Rojas, contralto; Francisco Huerta, tenor; y Sergio Gallardo, bajo; junto a la dirección del coro teatro municipal de Temuco a cargo de Daniel Farías. Acá me quiero detener un poco, ya que escuché algunos comentarios no muy positivos hacia el coro, pero hay que señalar que los que participan ahí fueron seleccionados por su talento y capacidades vocales, no son profesionales, la gran mayoría ha tomado clases de canto, pero no se dedican 100% a esto, tienen otras profesiones o están estudiando, además de que no reciben ningún tipo de honorario, por lo cual hay que tener cuidado con emitir juicios sin saber cómo se gestan las cosas.

La interpretación de la obra en general y en lo personal me gustó mucho, tanto por la orquesta, el coro y los solistas; todos estaban a la altura de algo tan sublime como lo es el “Requiem”. Más que dejarme llevar por factores técnicos, solo cerré mis ojos y me dejé transportar por la música, pude hacer un hermoso viaje tanto en el interior de mi ser y ya para el final me encontraba sumergido en un profundo trance a punto para desdoblarme.

Para finalizar debo de agregar que fue una muy grata sorpresa encontrarme con un teatro de hermosa arquitectura, creo que es uno de los más bellos que he visto en Chile. Posee una acústica perfecta a diferencia del recién estrenado teatro de Chillán, pues éste no necesita de amplificación para obras doctas y eso se agradece. También cabe señalar una vez más el aporte al programa del director David Ayma de la obra de Arvo Part, ojalá los directores se arriesgaran con compositores más desconocidos para el común de la gente. Hay que destacar la dirección la cual fue muy pulcra; la tremenda labor del director del coro, Daniel Farías, que, repito, no es fácil articular una obra de esta magnitud con un coro de personas que no son profesionales. Por último, una mención a las personas del coro, a cada una de ellas agradecerles por todo el tiempo que dedican a esta labor magnánima y que solo tiene como retribución el aplauso y la sonrisa de los niños o ancianos.

Gracias por todo lo vivido en esta gran ciudad, que nos demuestra que el arte y la cultura no solo se vive en Santiago, teniendo entre sus pasados números músicos como Jean Luc Ponty u obras como Madame Butterfly. Felicidades por sus ¡veinte años! Y a todos quienes trabajan en ese ¡tremendo auditorio!

Edición: Camilo Ortiz y Zaira Pazos.

 

 

 

Manuel Knwell

 

 

 

 

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