Entrevista | Hugo Quintana (escritor)

06 Septiembre 2015

por Edison Carrasco Jiménez

 

“Escribo para conmover al lector, para que él pueda encontrar en el texto que yo haya escrito, su propia poesía”

azulHugo Quintana es escritor chillanejo radicado actualmente en Santiago. Ha incursionado en la poesía fundamentalmente, pero también en otras manifestaciones literarias, como el ensayo y la narrativa. Igualmente tiene diversos artículos y/o comentarios sobre diversas obras y temas, tales como la poesía mapuche, la poeticidad, o abordando autores como Oliver Welden, sobre Rubén Darío en Chile. Entre sus libros cuenta “Hombres peaton-izando” (1995), “Algo acerca de los Años” (2003), “Tornasol” (2009), y se prepara a publicar pronto “Los Dones Cotidianos”. Además de otras apariciones en antologías como: “Antología de Poesía Emergente” (Ediciones LAR, Concepción, 1998), “Chile mira a sus poetas” (Antología de estudios y creaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile – Editorial Pfeiffer, Santiago, 2011), o “Winnipeg” (antología de poesía chileno-española, Editorial SantiagoInédito, Santiago, 2011). Hugo Quintana es además Profesor de Lengua Castellana y Comunicación, y Magíster en Ciencias de la Educación. Hablaremos con él de su trayectoria como escritor, de sus visiones y vivencias.

  1. Cuéntanos sobre tu primer encuentro con la poesía y cuándo comenzaste a escribir lo que podrías considerar como “tu”, o “tus” primeros poemas.

Mi primer encuentro con la poesía fue muy pequeño, a los 4 ó 5 años. Escribía pequeños textos (acompañados con dibujos, Marcelo [se refiere a Marcelo Velmar (o Luis Marcelo Rojas Velmar), poeta chillanejo radicado en Santiago] recuerda esa época, porque jugábamos a los 6 años) tratando de traducir la cotidianeidad, mi relación y asombro con pájaros, queltehues o zorzales, o las gallinas que criaba mi abuela, con el huerto, las frutas, etc.  Luego vinieron los poemas por encargo, ya sea para las diversas efemérides de la escuela, donde escribía para homenajear a nuestros personajes históricos, siempre a pedido de los profesores, y con posterioridad, cartas de amor que me encargaban mis compañeros de curso para las chicas que buscaban conquistar. Como a los 14 años, empecé a sentir que podía decir cosas, y que eso me liberaba un poco. Como a los 17 empecé a escribir poemas que luego significaron algo más que solo ejercicios para mi producción escritural. De los 18 conservo uno, que apareció en mi primer libro de poesía editado, aunque casi todos los poemas de “Hombre Peatón-izando”, fueron escritos en la época universitaria.

  1. Qué significó para ti y para el medio, comenzar a que editaras como Director, la Revista“El Glamal”. Cuál es lo positivo que rescatas a esa experiencia.

Portada “El Glamal”, Año 2, N°3

Cuando llegué a Pedagogía en Castellano, en la Universidad del Bío-Bío, había harta gente haciendo cosas literarias, académicos como Sergio Hernández o Juan Gabriel Araya, o bien estudiantes como Héctor Ponce De La Fuente o Luis Bobadilla, eran ejemplos a seguir, referentes en aquel espacio bullente, de gran creatividad… nuestra generación (es decir, Elgar UtrerasPablo Troncoso, y yo) irrumpió con diversas manifestaciones: ya sean asaltos poéticos o lecturas intempestivas en espacios públicos (y otros no tanto), instalaciones muy cercanas a los gestos dadaístas o surrealistas –como los artefactos de Parra, por ejemplo-, o bien con revistas poéticas, como “La Ortiga”. En ese contexto fundamos El Glamal, que primero fueron Pliegos Literarios. Uno de ellos fue “El Glamour del Glamal”, y de ahí surgió la idea de hacer una suerte de Taller Literario, y ello devino en revista, junto a otros grandes personajes y amigos: Daniel Godoy, Andrés Rodríguez, Jorge Rosas, Elgar Utreras, Gustavo Arias, Ángela Ramos, Rodolfo Hlousek, entre otros ilustres.

Lo positivo siempre fue lo de contar con un espacio un poco más allá de lo que nos ofrecía el “Grupo Literario Ñuble”, que era un  buen lugar y a donde casi todos asistíamos con regularidad. Jorge Rosas por ejemplo, era el Presidente del Grupo Literario, y éramos entusiastas partícipes de las sesiones de cada día miércoles. Lo de ser el Director de la Revista casi fue una cosa como honorífica, un gesto de cariño de mis amigos.

  1. ¿Y qué pasa con el Proyecto de “Ortiga Ediciones”? ¿Puedes contar algo acerca de esa aventura?

“Ortiga Ediciones” surge de la Revista que construíamos con Elgar Utreras, Pablo Troncoso y Jorge Rosas en la época universitaria. Solo que llegamos a la conclusión de que había que hacer un algo más… intentamos levantar una editorial propia, que nos permitiera rescatar a autores de Chillán, o bien de la provincia, del sur.

Con Elgar Utreras, Diana De La Fuente y Máximo Beltrán (pintor, artista visual y diseñador gráfico), publicamos a varios autores, incluso llegamos a exponer en la Feria del Libro de Santiago, en Estación Mapocho, y entre otras cosas, nos dimos el gusto de postular a Sergio Hernández al Premio Nacional de Literatura en el 2008. Obviamente no conseguimos que Sergio recibiera el galardón ese año, pero sí generamos ruido, y ayudamos a difundir su obra poética. Además, conseguimos re-editar “Adivinanzas” con un hermoso trabajo visual de Máximo Beltrán, y también “Registro”, libro que le prologara Pablo Neruda a Sergio Hernández.

Y si bien es cierto que el proyecto se ha descontinuado, nosotros conservamos la ilusión de continuar con los esfuerzos y volver a reencantarnos con la aventura editorial. Eso sí, esperamos contar con algo más de ayuda, más acceso a becas de financiamiento, porque editar y producir libros, todavía tiene un alto costo, y aún en Chillán hay mucho por hacer en esta materia. Tenemos al menos, unos tres proyectos de libros importantes atascados entre nuestros compromisos. Y esperamos cumplir con todos ellos.

  1. Ya que hiciste mención a “asaltos poéticos” en la anterior respuesta, hay uno en especial que dicen que hubo, a un banco en Chillán. ¿Sabes de ello? ¿Tienes idea de ello?

Ese asalto poético fue famoso y muy difundido, apareció en el diario La Discusión, en portada y páginas centrales. Fue ideado y perpetrado por Héctor Ponce De La Fuente y Luis Bobadilla, además de la participación del gran poeta Omar Lara, quien andaba en Chillán en una lectura poética en la Universidad del Bío-Bío, invitado por estudiantes de la Carrera de Pedagogía en Castellano, o sea: Héctor y Luis, entre otros, fue una cosa monumental, con Carabineros, Detectives, etc. Los mencionados fueron a dar a la comisaría, presos, la cuestión es que desplegaron un letrero o un lienzo que decía “Asalto” con letras grandes y “poético” abajo, en pequeñito, y comenzaron a disparar con sus lecturas poéticas, en medio del asombro de todos, un funcionario se asustó más de la cuenta y presionó el botó correspondiente, y bueno, luego lo que ya había dicho, fue en el Banco del Estado, en la esquina de la Plaza de Armas de Chillán, fue una gran humorada, poética en todo caso.

  1. Tu primer libro es “Hombre peatón-izando” qué significa para ti a nivel personal y literario.

IMG_20150831_175335Fue la primera rebeldía, obviamente, no contar con apoyos en términos de financiamiento, era una gran dificultad en aquella época. Así que la rebeldía dio paso a la creatividad. Con Jorge Rosas hicimos un libro previo, para juntar plata para un compañero de universidad y amigo músico que padecía cáncer, y a partir de ahí construí lo que sería mi primer libro de poesía, lo veo con cariño y algo de nostalgia,  no fue un gran libro en términos de poesía, pero ello me ayudó a crecer, a mirar el compromiso escritural de otro modo. Me posibilitó salir del pequeño espacio de mi aldea natal, poder situarme en aquel contexto literario.

 

Los mencionados fueron a dar a la comisaría, presos, la cuestión es que desplegaron un letrero o un lienzo que decía “Asalto” con letras grandes y “poético” abajo, en pequeñito, y comenzaron a disparar con sus lecturas poéticas, en medio del asombro de todos.

 

  1. En tu libro de poemas “Algo acerca de los Años”, existe un tono más sombrío que en tu primer libro “Hombre peatón-izando”. De hecho la muerte como tema está constantemente rondando. Igualmente, la figura del círculo se encuentra presente en todo el libro. Así en tu poema “1” lo finalizas con “la partida ha concluido/el resto es sólo círculo/que no alcanzamos a comprender”; en tu poema “2” Dices “De si fue espacio o tiempo/o círculo”; en tu poema “4.”, “Al fin/respiré como todos/humildes círculos arrojados hacia el infinito”; en tu poema “9.”, “En círculos nos movemos/hacia el infinito/círculos traspasados por otros círculos/como cárceles arrumbadas sobre otras cárceles”; en tu poema “13.”, “Los círculos han dejado de estorbarnos/como si fueran un montón de miradas lánguidas”. ¿Por qué su mención con insistencia en este trabajo? ¿Cuál es la idea de fondo?

IMG_20150831_175009La diferencia entre uno y otro libro es vital, es de edad. El primer libro lo escribí entre los 20 y los 23 años, el segundo comenzó a escribirse cuando tenía como 26 ó 27, y lo terminé como a los 29 ó 30. Obviamente, yo había cambiado, había tenido la experiencia de la muerte, de la ausencia de alguien importante.

El espacio entre mi primer y mi segundo libro de poesía es abismal,  creo que como ser humano crecí mucho, pude ver y comprender muchas cosas, una de esas cosas fue la muerte, que me golpeó por debajo de la habitual guardia con la que vivimos, no estamos preparados para afrontar la muerte, culturalmente hablando, así que cuando llega a nuestra puerta, nos encuentra siempre como de improviso, sin preparación alguna.

Morir es parte del vivir. Así de simple. Por eso lo de círculos construidos por otros círculos más pequeños, yo creo en aquello de mundos al interior de otros mundos, y lo puse ahí, en el libro, como un gesto testimonial. Porque la vida es circular, todo vuelve de algún modo, y es necesario aprender. En aquella época yo solo intuía estas cosas, hoy las tengo como una convicción. Hacer poesía es también comunicar a otros nuestras certezas, compartirlas en último término.

El tema de la muerte entonces es el pilar del libro,  por eso había que re-definir la muerte, porque como es un tema demasiado clásico, y muy visitado en la poesía, había que darle una vuelta de tuerca, pero desde aquella perspectiva que poseía y que ahora puedo refrendar.

La muerte está en todo el libro, porque había que demostrarlo circularmente también. El poema que más me gusta, es el “12”, donde le entrego un significado distinto a la muerte, la idea era re-definirla, un poco al menos, y sin gradilocuencias.

  1. ¿Y “Tornasol”?, ¿Cuál es la propuesta de publicar un libro en cuyo interior uno encuentra a otros autores?

Tornasol fue un desafío experimental… es una puesta en escena llevada al límite.  Comenzó como un juego, yo hacía clases en el Colegio Salesianos Alameda, y teníamos un taller de poesía y cuento, y también fundamos una revista, a la cual llamamos “Juguete Rabioso”. En ese contexto los chicos quisieron que incluyera algunos poemas leídos en las sesiones de trabajo escritural. Como no quería que supieran los demás que eran míos, los firmé con otros nombres. Así surgió Brevis Karpien, cuya primera aparición está en “Algo acerca de los años” –mi segundo libro de poesía-, en un epígrafe.

Después vino la aparición de Antonio Caeiro, luego Alejandro Del Valle, y por último, Ricardo Fernández. Todos, con temáticas distintas, y con formas escriturales distintas. La idea era un trabajo coral, muy cercano a la tragedia griega. Estuve trabajando a inicios del 2000, en un Taller de Dirección Teatral, y empecé a indagar en el otro, en el yo-otro, como dice Juan Luís Martínez, ese vértigo discursivo, de escribir desde un yo-otro, es algo muy atractivo que siempre admiré en la obra de Pessoa, por ejemplo.

Así surgió “Tornasol”, un color que no es estable. Es algo que muta, que cambia, que se desplaza de acuerdo a la perspectiva desde donde observes. Si para Darío era el azul, el color de aquella época, para nuestro tiempo es el tornasol. Por ello, es que empieza con una suerte de puerta de entrada, un Prefacio, y una salida, un Postfacio. Y tiene esa particular estructura, cada autor con su propia biografía, para darle una dimensión de realidad a cada cual, yo diría que cada uno de esos autores existe realmente, y cada parte es un libro, de modo independiente; por lo tanto, “Tornasol” es una versión antológica, de mis otros “yo”.

Los resultados de ese libro para mí, han sido muy particulares, las opiniones, los comentarios, y agradecido estoy de cuanto me ha sucedido a partir de la experiencia de ese libro.  Por eso es que “Los dones cotidianos” es un gesto distinto,  lo necesitaba, con urgencia.

Lentamente, se está gestando un “Tornasol”, parte 2.0,  pero “es harina de otro costal”, como decía mi abuelo.

 

Así surgió “Tornasol”, un color que no es estable. Es algo que muta, que cambia, que se desplaza de acuerdo a la perspectiva desde donde observes. Si para Darío era el azul, el color de aquella época, para nuestro tiempo es el tornasol.

 

  1. Algunos hablan de “Generación de los ’90”, entre los cuales se te cuenta, para figurar una serie de poetas que pululaban en aquélla época. Según tu juicio, ¿es posible hablar de “generación”? ¿No será que solo son una serie de escritores dispersos?

Creo que el concepto de “generación” –a estas alturas-, está demasiado desgastado, es inútil. La “postmodernidad”, la “post-dictadura”, la “fragmentariedad” de todo en aquella época impide pensar que había una generación gestándose, o bien, apareciendo,  y habría que sumar el hecho de que ello se posibilitó en la provincia, en Chillán, totalmente al margen, en los bordes de cualquier otra cosa. Éramos “emergentes”,  por dos razones: la primera porque solo se veía la punta de nuestro iceberg a través de pequeños gestos (nuestra obra estaba recién horneándose), y la segunda, porque también era urgente un recambio, un viento nuevo que soplara luego de las devastadoras experiencias de la dictadura. Por ello lo de fragmentariedad, una suerte de aparición pero sin referencias directas, sin otros interlocutores con los cuales dialogar y también crecer.

Prefiero pensar en un grupo de amigos, co-existiendo en un espacio común, tanto espacial como temporalmente,  una suerte de encuentro fortuito, o bien del destino,  un grupo que se unía desde las precariedades de aquella época, con pocos libros circulando -salvo los queridos clásicos-, y la sombra de la bota sobre los medios de comunicación disponibles, coaptados, atrapados en las lógicas de lo inexistente.

Sin embargo, no creo en eso de escritores dispersos. Era lo contrario, nos habíamos encontrado, y eso era un gran avance, porque hasta unos años atrás, no nos estaba permitido ni eso. Uno de los pocos lugares donde un grupo de poetas se siguió reuniendo cada miércoles, a pesar de la dictadura, fue el Grupo Literario Ñuble. Eso nos dejó como legado, atesorado por quienes asistían a cada sesión a pesar de los peligros, una memoria, que aunque precaria, nos sirvió para empezar a re-construirnos.

  1. Comprendo, pero y en relación a otros poetas de otros lugares, a ese grupo de poetas como Yanko González, Sergio Parra, Jaime Huenún, el mismo Marcelo Rojas Velmar que es oriundo de Chillán, pero gran parte de su desarrollo poético temprano lo tuvo más en Temuco, si habría que verlos junto a estos otros de Chillán, ya el espectro deja de ser solo un grupo de amigos. Si no generación, ¿cómo podríamos llamarle”? Y cuáles serían sus semejanzas, diferencias o puntos comunes entre todos ellos, si es que los ves.

Generacional podría ser en términos de aparición. Pero son pocos los puntos de contacto real en términos escriturales, son verdaderas estéticas distintas. Por lo tanto el concepto de generación utilizado por [José] Promis –entre otros académicos y críticos- se queda corto.  Por ejemplo [Sergio] Parra, es más del escenario de los ochentas, en Santiago, su primer libro de poesía aparece en 1987. Yanko en Valdivia y Jaime en Temuco, aparecen algo después, a inicios o mediados de los 90’s. Entonces hay condiciones distintas para los tres, quizás Yanko y Jaime son poetas surgidos en la provincia, en el sur, pero sus discursos son distintos, entonces no sirve la concepción de generación. Sin embargo Yanko y Sergio eran muy amigos, muy cercanos… al menos es la imagen que conservo de algunos encuentros a finales de los 90’s. Si el concepto de generación es etario, pues tampoco se justificaría: Sergio y Jaime son nacidos en la década de los 60’s, Yanko es de los 70’s.

Creo que no tiene mucho sentido ver a los poetas de modo generacional, porque sería validar una suerte de árbol genealógico (¿se puede ver la poesía y a los poetas en el marco de algo así?), sobre todo después del quiebre que significó la dictadura. No sé si algún árbol pudiera sobrevivir en materia de poesía, a los horrores de la dictadura, aunque en dictadura, sí se hizo muy buena poesía. No confundir lo uno, con lo otro. La resistencia y la rebeldía de algunos, permitió esa subsistencia.

  1. ¿Piensas que este grupo no ha tenido repercusión por los efectos del matrimonio “dictadura/concertación” donde los jóvenes debían ser felices y dedicarse a la fiesta? ¿Distrajo ese hecho de los reales aportes a la poesía de dicho grupo, o bien este grupo solo produjo poesía de tono menor y ya está? Me gustaría que te refirieras a tu visión de los escritores de ese “grupo” en Chillán, y luego tu visión más general, considerando el grupo mayor de poetas tanto de Santiago como de otras provincias (Sergio Parra, Jaime Huenún, etc).

blackFuimos un grupo menor, no por la calidad de la pluma, si no porque estábamos en el margen, en el borde de los discursos de poder que circulaban en aquella época.  La poesía es una suerte de paria entre los diversos discursos existentes (no tiene valor de cambio, como bien de consumo, entre las cosas que son comerciables), y si además le sumamos el estar en la provincia, en Chillán, pues las respuestas vienen por añadidura.  Cabe decir, que no tuvimos ninguna fiesta a la cual sumarnos, a nuestra aldea natal no llegó nada.  Todo lo que produjimos fue por empeño y porfía personal.

El gran enemigo es que todavía gran parte de la obra de la poesía de los 90’s permanece inédita, actualmente, y en algunos casos no por decisión de los propios poetas, y esto es grave si queremos hablar de una posible repercusión.

Ahora, honestamente creo que ninguno de nosotros buscaba repercusión, u otra cosa parecida. Quizás sí diálogo, el estar los unos con nuestros otros iguales con los cuales comunicarnos. Eso es lo que se llevó a Gustavo [se refiere a Gustavo Ariaspoeta chillanejo que se suicidó este 2015], la ausencia, la soledad -espero que su espíritu encuentre el sosiego y equilibrio que no supo encontrar en esta vida-.  Lo he reflexionado bastante, y nos dispersamos tanto que terminamos hablándonos al espejo… ¡deshumanizados!

Ahora, nuestra importancia o relevancia era probar que se podía salir fuera de los límites de nuestra aldea. Eso y algunos gestos de amistad con otros que vinieron después: revistas, encuentros, diálogos, lecturas, etc., y también la necesidad de quebrar una forma de hacer tradición poética, eso de andar con vasallos o discípulos a quienes traspasar experiencias, es algo que jamás reprodujimos, cada cual debe elegir sus caminos en libertad, lo declara el gran Rubén Darío hace ya mucho, no íbamos a des-oír a alguien tan fundacional para nuestra poesía latinoamericana.

Por otro lado, nunca tuvimos apoyo real para publicar cosa alguna, nunca nos financiaron antologías que sí fueron una realidad en otros lados, y que permitiera la difusión de nuestros poetas, como fue el caso en Valdivia y en Temuco. En Chillán la cosa fue a pulso.

Entonces no son experiencias comparables: Valdivia, Temuco, Concepción, eran parte importante, referencial del mapa poético nacional. De Chillán –salvo Sergio Hernández-, se sabía poco. Eso en contexto de los 90’s.

  1. Qué significó Sergio Hernández para la parte de ese grupo de “amigos” que desarrolló su primera literatura en Chillán.

¡¡¡…Uffff…!!! Es una pregunta al hueso, como diría Jorge Rosas.

De izquierda a derecha: Hugo Quintana, Nicanor Parra, Sergio Hernández

De izquierda a derecha: Hugo Quintana, Nicanor Parra, Sergio Hernández

Sergio Hernández fue nuestro faro en la inmensidad fragmentaria de aquella época…  nuestro maestro… él y los distintos académicos de la Universidad del Bío-Bío, aportaron relatos, conexiones, fueron la memoria que vino a salvarnos en aquellos naufragios.

Hernández en particular, tuvo gestos de cariño, de afecto, y de compañerismo hacia nosotros, que éramos los jóvenes poetas. Cuando nos veía caminar por los pasillos de la universidad decía a viva voz: “la poetansia…” y hacía un ademán de admiración, de ensalzamiento.

Pero no solo el hecho de acogernos en su oficina –cuya puerta siempre estuvo abierta para todos sus estudiantes-, de convidarnos a una charla amena, con cigarros y café, acerca de la tradición de nuestra poesía chilena, donde nos contaba divertidas anécdotas de nuestros próceres poéticos. En sus relatos aparecían los Neruda, los Parra, los Teillier, los Rojas y tantos otros a quienes admirábamos como si se tratara de estrellas de cine o de rock. Era una conversación totalmente vivificante.

En medio de todo aquello, corrían lecturas poéticas, y surgían sus comentarios, sugerencias hacia la construcción poética, los cuidados estilísticos, etc. Fue un taller escritural inconmensurable e interminable, pasaron los años, la juventud, la universidad, y luego eran las reuniones en su departamento, cada vez que nos acercábamos a saludarlo, y siempre fue de la misma fraternal manera.  No solo es un faro en materia de aprendizajes, su propio tono poético creo que reverbera en nosotros, cada cual a su manera, pero su entusiasmo y su afecto están ahí,  dándonos la fuerza necesaria para continuar escribiendo, que es lo realmente trascendente para mí.

[Sergio Hernández] No solo es un faro en materia de aprendizajes, su propio tono poético creo que reverbera en nosotros, cada cual a su manera, pero su entusiasmo y su afecto están ahí,  dándonos la fuerza necesaria para continuar escribiendo, que es lo realmente trascendente para mí.

 

11. Cuál es tu relación actual con la literatura como trabajo de escritor. ¿Estás en actividad aún?

caricatPara mí la importancia radica en el ejercicio, en la práctica escrituraria. Si no escribo, no respiro, no vivo.  Cuando todo lo demás parecía caerse a pedazos, y aún creo que muchas veces no supe tomar buenas decisiones en aquellos momentos de oscuridad personal; la poesía, lo escritural me mantuvo de este lado de las cosas, vivo entre los vivos. ¡Eso es todo! Y si algo así te pasa, es porque para ti es lo fundamental.

Nunca me ha importado publicar seguido, hacer una carrera literaria, aparecer en antologías, dar entrevistas, estar en los encuentros, ser nombrado o aparecer, ser premiado. Todo ello no tiene relevancia frente a lo que significa la escritura: poesía, narrativa breve –incluidas un par de novelas que he escrito a modo de ejercitación y descubrimiento-, teatro, ensayo, cortometrajes, etc.  Lo que trasciende es escribir… muy tributario de Lihn… “porque escribí, porque escribí… estoy vivo”.

Mantengo el ejercicio actualmente, estoy por publicar un nuevo libro de poesía: “Los Dones Cotidianos” será su nombre.  Pero soy lento, vivíparo, le doy muchas vueltas a algo antes de escribirlo.  Me persigue como idea hasta por días, y luego lo bajo a la escritura, pero no se detiene ahí. En términos de corrección soy muy estricto, tengo miles de textos que son maquetas, pero que no son poemas propiamente tales. Un poema es algo terminado, y para ello, hay trabajo de por medio, y tiempos.

Generalmente escribo algo y luego lo abandono, para retomarlo después de modo más objetivado, y poder relacionarme con ese texto sin tanto sentimentalismo que obnubile la mirada. Mi técnica es sencilla, mi táctica es simple. Si algo ha de publicarse, es porque se ha ganado su derecho, pero no escribo para demostrar ser inteligente, o para el aplauso como decía Sergio Hernández. Escribo para conmover al lector, para que él pueda encontrar en el texto que yo haya escrito, su propia poesía, ni más ni menos. Y si la magia se produce, pues bien, feliz estoy. Si no ocurre, no pasa nada, no soy mejor ni peor que nadie, y no espero tener una eficiencia del 100%, porque eso apunta a otra cosa, eso está más cerca de la publicidad, que de la poesía. Lo que buscamos es la “poiesis”.

Mi técnica es sencilla, mi táctica es simple. Si algo ha de publicarse, es porque se ha ganado su derecho (…) Escribo para conmover al lector, para que él pueda encontrar en el texto que yo haya escrito, su propia poesía.

Nota: Sergio Hernández decía eso de no escribir para el aplauso, creo que en referencia a Parra y a Rojas. Veía que ambos estaban muy preocupados de caerle bien al lector, de no ofenderlo, de contar con su aprobación en demasía.

Lo otro lo digo yo, desde mi propia experiencia, eso de conmover al lector, de permitirle encontrar su propia poesía. No busco reírme del lector, ni ironizarlo, no trato de caerle bien a nadie (lectores), solo intento que cada cual pueda descubrir su propia poesía, ahí empieza el asombro. Yo creo que estamos actualmente algo dormidos, nos cuesta pensar o sentir que la belleza pueda existir. Pero sí, está delante de nosotros, solo tenemos que abrir los ojos y ver,  “que el que tenga ojos que vea”, el que tenga oídos que escuche, y el que tenga entendimiento, pues que entienda,  ¡es simple! Y por eso es que es tan difícil de encontrar -todos creen que hay que morirse, o ir bien lejos, para encontrarse un paraíso- el paraíso, el locus amoenus, es algo que nos construimos nosotros mismos, todos los días, en nuestra propia realidad. Y esa es una conclusión de vida. La poesía es también eso, aprender a vivir, no es solo un texto, un poema…

 

Del Libro “Algo de aquellos años”

6.

El tiempo se lleva a la fuerza
se lleva arrastrando inviernos con dignidad de árbol
cuando hasta observar el conocido patio
se vuelve un esfuerzo que enloquece
y se muerde, se llora
se escupe con violencia aquesta maldita ofrenda
porque después de la celebración
de la cazuela de los domingos
de los hijos
de los nietos
de cuanto animal se haya criado dentro de la casa
los olores
los recuerdos
se escapan como odiados canallas
y entonces
entonces se vive esperando la siesta más larga de todas
para respirar por fin el sueño de las promesas
sin que los hijos o los nietos llorasen demasiado
porque eso sería más tristeza acumulada mientras dormimos
más tristeza acumulada mientras dormimos.

 

 

12.

La muerte no es un lugar oscuro
no es un sitio donde la confusión ahogue los sentidos
o donde los recuerdos se desmiguen
carcomiendo los rostros de nuestro seres amados.

La muerte es un arroyo que dialoga con los árboles
con el eco que los pájaros ofrecen a las nubes
es una canción llena de colores
que intenta una fusión más cotidiana con los cerros,
es un abanico de imágenes colgadas en nuestras cabelleras.
Aquí el viento reproduce un mensaje mucho más profundo
y las montañas allá en el fondo
no son el límite de ninguna cosa.

La muerte es un espejo formado con azules demasiado puros
donde al cerrar los ojos
aparece una blancura apacible y afectuosa
donde una luz no intensa
termina de dibujarnos
en el paisaje de la eternidad.

Links:

Captura de pantalla 2015-09-06 15.08.55

4 comments

  1. Hugo Quintana Quintana 15 septiembre, 2015 at 15:22 Responder

    Entre los poetas fundadores de “El Glamal”, me faltó mencionar a Felipe Manríquez, quien estudiaba Pedagogía en Inglés, en la Universidad del Bío-Bío, a mediados de los 90’s… sirva esto como mensaje, para enviarle un caluroso saludo…

  2. Fabian Bustos 11 diciembre, 2017 at 18:13 Responder

    Que bueno saber de Hugo y que aún sigue traduciendo su mente en Poesía y que no fue aplacado por los años ni el sistema. Que buenos recuerdos del Mesón Danes.
    Saludos
    Fabián Bustos F.

Leave a reply